La violencia económica contra las mujeres: el miedo silencioso que las mantiene atrapadas
“No me quedo porque lo amo: me quedo porque no sé cómo sobrevivir sin él”.
La violencia económica contra las mujeres es una de las formas más silenciosas pero devastadoras de violencia de género. No siempre deja marcas en la piel, pero sí deja huellas profundas en la dignidad, la autonomía y la sensación de futuro. Muchas mujeres en Costa Rica y en todo el mundo viven este tipo de abuso sin siquiera saber que tiene nombre.
Hay frases que se dicen en voz baja, casi con vergüenza. Una de las más comunes que escucho en mujeres de todas las edades es esta: “No es que lo quiera… es que no sé cómo voy a salir de aquí”. No se quedan por amor. Se quedan por miedo. Miedo a no tener dónde vivir, cómo pagar el colegio de los hijos, cómo comprar comida, cómo empezar de nuevo.
Eso también es violencia económica.
Qué es la violencia económica contra las mujeres
La violencia doméstica no siempre se manifiesta con golpes. Muchas veces empieza cuando una mujer deja de tener control sobre su dinero, sobre su trabajo o sobre los bienes que ha construido. Cuando alguien decide por ella qué se paga, qué no se paga, si puede o no trabajar, si puede o no estudiar, si puede o no disponer de lo que es suyo, eso es violencia patrimonial o violencia económica contra las mujeres.
No deja moretones. Deja algo igual de profundo: la sensación de no tener salida, de estar atrapada en una relación de pareja donde el control del dinero se convierte en una jaula invisible.
Cuando el dinero se convierte en una forma de control
En muchas relaciones, el control económico empieza de manera sutil: él “ayuda” administrando todo, “aconseja” que ella deje su trabajo, “sugiere” que no estudie o que firme documentos sin preguntar demasiado. Poco a poco, la mujer deja de tener acceso a sus cuentas, a sus decisiones y a su independencia económica.
El patrón se repite en muchos países y también en Costa Rica: cuando una mujer depende económicamente de su pareja, se vuelve más vulnerable al abuso. Por eso tantas mujeres dicen: “me aguanto por mis hijos”, “me aguanto porque no tengo a dónde ir”, “me aguanto porque no tengo un centavo propio”.
No es debilidad. Es una forma de violencia de género basada en el control del dinero y de los recursos.
Esto no es un problema local, es una realidad mundial
Millones de mujeres en todo el mundo han vivido violencia dentro de sus relaciones de pareja. Dentro de esa realidad, la violencia económica contra las mujeres es una de las herramientas más usadas para someter, controlar y silenciar. Se manifiesta cuando se les niega dinero, se les impide trabajar, se les obliga a entregar su salario o se les quitan bienes y propiedades.
Cuando una mujer no tiene ingresos propios ni redes de apoyo, su posibilidad real de salir de una relación violenta se reduce. Por eso tantas historias se parecen, aunque se vivan en países distintos: una mezcla de miedo, vergüenza y la sensación de no tener opciones.
Lo que la ley en Costa Rica sí reconoce
En Costa Rica, la Ley contra la Violencia Doméstica reconoce que la violencia no es solo física o verbal. También reconoce la violencia que afecta el patrimonio, los recursos y la autonomía económica de una mujer dentro de una relación. La violencia económica y patrimonial es una forma de violencia de género y puede y debe denunciarse.
No se necesita un golpe para que exista violencia. Basta con que exista control, daño o amenaza a la dignidad. Cuando una mujer es obligada a depender económicamente, cuando se le impide trabajar o administrar lo suyo, cuando se le quitan bienes, cuando se usa el dinero para castigarla o someterla, la ley contempla estas situaciones como formas de violencia que merecen protección.
Por qué tantas mujeres no se van
Muchas mujeres saben que la relación es dañina. Lo saben desde hace tiempo. Pero también saben que irse significa enfrentar una realidad dura: buscar casa, mantener hijos, pagar cuentas, volver a empezar casi desde cero.
Cuando alguien ha sido aislada económicamente durante años, ese salto da miedo. No porque no sea valiente, sino porque nadie debería tener que elegir entre su seguridad y su supervivencia. En contextos donde la violencia económica contra las mujeres está normalizada, salir requiere no solo coraje, sino apoyo real, información y acompañamiento.
Un mensaje que importa
Si estás leyendo esto y algo de tu historia se parece a estas líneas, quiero que sepas algo simple y profundo:
No estás exagerando. No estás sola. No estás equivocada por sentir miedo.
En Costa Rica, los tribunales están abiertos para recibir denuncias de violencia. El INAMU y muchas otras instituciones públicas y privadas pueden brindarte acompañamiento, orientación y apoyo si estás viviendo violencia económica, patrimonial o cualquier otra forma de violencia de género.
Pedir ayuda no es fallar. Es proteger tu vida y la de quienes amas. Es un acto de amor propio y de defensa de tu patrimonio, tu autonomía y tu dignidad como mujer.
Licda. Rocío Córdoba Cambronero
Abogada y notaria
Defensora del patrimonio y la dignidad de las mujeres
Rocío, gracias por compartir este artículo. Es muy importante visibilizar la violencia económica, ya que muchas veces pasa desapercibida pero tiene un impacto profundo en la autonomía y dignidad de las mujeres.